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Muros alambrados, joyas con botones de pĆ”nico, autos blindados y rastros de sangre en las calles. Chile enfrenta un aumento del crimen organizado que deterioró su reputación como uno de los Ćŗltimos paĆses seguros de AmĆ©rica Latina.
Junto con Argentina, Costa Rica y Uruguay, Chile registraba hasta hace poco mÔs de una década una de las tasas mÔs bajas de homicidios de la región (2,5 por cada 100.000 habitantes), de acuerdo con la oficina de la ONU contra la droga y el delito.
Sin embargo, ese indicador se disparó desde 2012 hasta situarse en 6,7 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2022, aĆŗn por debajo del promedio de AmĆ©rica (15), el continente con mĆ”s crĆmenes de ese tipo en el mundo, seƱalan los Ćŗltimos datos disponibles del organismo.
Lejos de los nĆŗmeros, en Recoleta, un barrio bohemio de clase media en el norte de Santiago, el miedo pasa de boca en boca.
«Ahora se ve sangre en las calles, casquillos de balas, cuchillos tirados. No estÔbamos acostumbrados y hoy es muy cotidiano», afirma a AFP Lina Bilbao, de 45 años, presidenta de una junta de vecinos.
Los bares y viviendas lucen diferentes en comparación a dos años atrÔs. De manera paulatina se multiplicaron las ventanas con barrotes, los muros alambrados y las cÔmaras de seguridad.
Incluso se ven carteles con números de emergencia en caso de riñas y robos, según observó la AFP durante un recorrido.
Sospechosos de integrar la banda criminal venezolana Tren de Aragua, detenidos en Chile, en una imagen de archivo. Bandas del narcotrƔfico
Para las autoridades, el aumento de la criminalidad estÔ estrechamente ligado a bandas como el Tren de Aragua, de Venezuela, y Los Pulpos, de Perú, implicadas en secuestros, trÔfico de drogas, trata de personas y asesinatos a sueldo.
Son Ā«organizaciones criminales que el paĆs no tenĆa, que se expandieron en distintas partes de AmĆ©rica LatinaĀ», seƱala a la AFP el viceministro del Interior Luis Cordero.
BÔsicamente se distinguen de los grupos criminales locales por delinquir «con mayor violencia», enfatiza.
Alarmada por Ā«las noticiasĀ» sobre Ā«delincuencia, robos y secuestrosĀ», SofĆa Carvajal, una diseƱadora de 29 aƱos, se sumó a una tendencia en ascenso: accesorios con botones de pĆ”nico.
Camino a un punto cĆ©ntrico de Santiago, donde se provee de telas para su negocio, exhibe un collar con un cuarzo azul revestido de plata. Dentro de la gema estĆ” un diminuto chip que, al oprimirse, envĆa la ubicación en tiempo real a contactos de emergencia.
Recuerda que hace dos años su hermano fue asaltado pistola en mano. Desde entonces, ella se desplaza a pie mÔs rÔpido y usa ropa desgastada para no llamar la atención.
Ā«Hay inseguridad. Ya no camino tranquila en la calle. Si le pasó al de al lado, me puede pasar a mĆĀ», seƱala a la AFP.
Junto al naciente mercado de las joyas con botones de pƔnico, se consolida la industria del blindaje en Santiago, una capital de ocho millones de habitantes y ciudad con mƔs homicidios al aƱo en Chile.
Una de las empresas especializadas, Blindatek, pasó de adaptar 30 vehĆculos en 2020 a 200 el aƱo pasado, segĆŗn su gerente, Rodrigo Rivera.
El presidente de Chile, Gabriel Boric, anunció medidas para reforzar la seguridad en el paĆs. Foto: REUTERS PA su taller acuden desde empresarios hasta funcionarios, algunos todavĆa en ‘shock’ por el robo violento de sus autos. De 2014 a 2023, los robos con violencia aumentaron un 25%, segĆŗn cifras oficiales. Son clientes Ā«que han tenido experiencias traumĆ”ticas (…) y que se estĆ”n protegiendo porque el poder de fuego que hay en las calles ha aumentadoĀ», seƱala Rivera.
Falta de policĆas preparados
Con el auge del crimen organizado, Chile se estrelló con una realidad: la falta de una policĆa preparada para hacer frente a estructuras que se disputan barrios enteros.
Como era un paĆs que se consideraba seguro, Ā«se postergó el desarrollo de las instituciones de seguridad y justiciaĀ», opina Jorge Araya, exdirector de Seguridad PĆŗblica del ministerio del Interior.
Ante una ciudadanĆa que clama mano dura, el gobierno del socialdemócrata Gabriel Boric se vio obligado a fijar como prioridad el combate a la criminalidad.
Al tiempo que reforzó la fiscalĆa con una unidad anticrimen de 200 agentes, anunció la creación de un ministerio de Seguridad, que comenzarĆ” a funcionar este aƱo.
Por lo pronto, los homicidios parecen ir en descenso: de los 1.330 casos registrados en 2022 pasó a 1.248 el año siguiente, según el ministerio público.
Aun asĆ siguen siendo cifras escandalosas para este paĆs de unos 20 millones de habitantes.
«A Chile le costó un poco asimilar este nuevo crimen. Pero asà como el crimen se adapta, las intervenciones del Estado también se tienen que adaptar», asegura el viceministro Cordero.
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