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-Imposible no comenzar preguntándole por los cambios que se están dando en la relación entre política, medios y ciudadanía…
-La democracia es un fenómeno de opinión, y siendo la democracia representativa un proceso de intermediación entre la dispersa opinión ciudadana y la posibilidad de constitución de un gobierno es natural que los modos de comunicación son decisivos. Fuimos pasando de una democracia de elites en la cual la comunicación era por escrito a través de diarios de muy escasa tirada , luego con la radio pasó a ser un fenómeno de otro tipo y hoy tenemos un cúmulo de comunicaciones que no necesariamente generan una información. Hay sobreabundancia de noticias,que nos convierte en ciudadanos sobrenoticiados y subinformados..
-¿Qué ocurrió con los medios?
-Los medios tradicionales se volvieron muy fugaces incluso la propia televisión. Si a eso le sumamos todas las variantes de aplicaciones y redes sociales,la gente termina pasando informaciones o rumores que generan una multitud de intercomunicaciones; un gran proceso de distracción, en el cual no es muy fácil orientarse
–¿Y la prensa gráfica?
-Justamente creo que aún los diarios tanto en su versión de papel como en su versión digital tienen un rol orientador porque siguen armando una cierta agenda que es una especie de modesto anclaje para toda esa marea de titulares que nos inunda. Como consecuencia tenemos hoy un ciudadano que actúa sobre impresiones más que informaciones, que vive un tránsito civilizatorio de lo post industrial a lo digital que le genera angustias e inseguridades. Todo este cúmulo de circunstancias son los que provocan estos fenómenos extremos de la vida política y que han generado desgraciadamente el debilitamiento de los partidos, que históricamente han sido los articuladores de opinión y de estabilidad social
– ¿Estamos presenciando el final de los partidos políticos tal como los conocimos?
-Los partidos en el el mundo están desafiados, al igual que las demás organizaciones, porque el desafío es a la institucionalidad en general. Lo mismo ocurre con las iglesias y los sindicatos.
– ¿Cuánto de todo este descalabro se debe a la irrupción de las tecnologías de la información y la inteligencia artificial?
-Las nuevas tecnologías de la información han afectado a la política y la inteligencia artificial a la relación de los ciudadanos con el trabajo. La inseguridad en el empleo, la necesidad constante de adaptación a nuevos modos de producción, el agotamiento del estado como pensador de bienes públicos. Todo esto ha provocado un debilitamiento de los sectores medios estabilizadores de la sociedad, como los partidos políticos y la prensa, abriendo un cauce para los extremos, que a través de la explotación de sentimientos y de emociones en detrimento de razonamientos e ideas, basan su propuesta en la exorcización del fenómeno que la sociedad perciba con mayor temor, llámese la inmigración, la inflación, la inseguridad.
– Además de una tendencia a los extremos, ¿que otro síntoma describe a nuestra época?
-El desasosiego, que en la actualidad responde a la caída de un mundo de certezas que venía desde la Segunda Guerra Mundial, Este tránsito civilizatorio como todos los tránsitos, es incierto. No queda claro en que va a terminar esto de la IA, en qué va a terminar nuestro empleo de hoy. De todas maneras el sistema democrático de gobierno y la economía de mercado siguen siendo las mejores alternativas. Pero estamos batallando con una democracia en sus formas impuras, las variantes demagógicas que hoy llamamos populismos..
-¿Le ve alguna salida a esta situación de conflictos y desasosiego?
-¡Yo siempre soy optimista! Que uno describa los problemas de hoy no quiere decir que quede sumergido en la penumbra. La esperanza está porque nos la da la historia, porque la capacidad creativa de las sociedades nos ha permitido encontrar siempre las respuestas. La historia me hace optimista. Los avances siempre vienen de la mano de grandes crisis. Lo que ocurre es que ahora vienen a alta velocidad que es una singularidad de nuestra época.
– Junto con la ausencia de líderes fuertes en el mundo…
No hay ausencia de liderazgos. Han cambiado los escenarios y la política. Es un momento de tránsito. Hay liderazgos muy fuertes. El de Trump es de una potencia como no se recuerda en EEUU en muchas décadas. Putin es un zar ruso con una capacidad de liderazgo gigantesca, y muchos otros. Pero ¿son todos líderes autoritarios? ¡si! Entonces el tema no es la falta de líderes sino que tipo de líderes querríamos tener. Nos gustaría un Andreotti o un Craxi en Italia,un Mitterrand o a un Chirac en Francia. Pero son líderes de un tiempo. Yo pertenezco a una generación donde esos eran los líderes. Conviví con Alfonsín, Sarney,Henrique Cardoso, Lagos, Betancur. Éramos muy representativos de una época que no es la de hoy. Los modos de comunicación son distintos. Nosotros éramos una generación de letrados, de gente de formación más jurídica y discursiva, no líderes disruptivos de imágenes comunicacionales. Hoy es otro mundo que exige otro tipo de liderazgo. Pero soy optimista porque hay líderes más jóvenes que saben comunicarse con los medios actuales y con modos que son válidos, no autoritarios como ocurre en mi país con el ex presidente Lacalle Pou, con Ojeda y con el actual presidente Orsi. Quizás hace treinta años hubieran parecido poca cosa frente a los discursos de los doctores, pero hoy sería a la inversa, los doctores parecemos obsoletos. Milei también es un fenómeno de comunicación propio de este tiempo, más cercano a la forma de los líderes que mencioné al principio, pero siempre atado a la institucionalidad argentina, que no creo que vaya a rebasarla. Como tampoco creo que Trump se va a llevar puesta la institucionalidad norteamericana. Que sea un político populista no quiere decir que transforme la democracia norteamericana en una democracia populista degradada. No va a poder. Las fuerzas de las instituciones por suerte sigue siendo fuerte.
– ¿Considera que las nuevas corporaciones tecno-financieras han subyugado a los estados?
-El estado-nación histórico está desafiado por todos los problemas que hemos hablado. Y uno de ellos es el avance de una nueva economía que ha generado nuevos grupos de poder económico. Pero esto no es algo nuevo. Desde la época moderna los estados tienen que convivir con los llamados grupos de presión y con los nuevos poderes económicos. Como ejemplo alcanza ver lo que fue el capitalismo norteamericano entre 1890 y 1940 con esas gigantescas corporaciones. Ahora son otras. La lista de Forbes de hoy no tiene nada que ver con la lista de Forbes de hace veinte años. los ricos de entonces desaparecieron y hoy son todos nuevos ricos. El primer nuevo rico de esta generación fue Bill Gates y ya hoy es un viejo!
– Y mientras tanto, Latinoamérica…
-Todos sabemos que Latinoamérica es muy disímil y muy compleja desde sus orígenes, demográfica y culturalmente. Prefiero hablar de sub regiones y en particular la que abarca Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y también Chile. Cuando pensamos el Mercosur, había muchas circunstancias que nos llevaban a ilusionarnos, más allá de la desproporción que este proceso integrador llevaba implícito, con un Brasil que representa el setenta y cinco por ciento del conglomerado, Argentina un quince por ciento y Uruguay y Paraguay juntos no alcanzan el diez . Esta es una de las razones por la cual cuesta mucho este proceso integrador. Cada vez que Brasil devalúa la región entra en pánico. Y después tenemos la histórica inestabilidad económica Argentina que también es un factor que no ayuda. Pero vuelvo a ser optimista, porque en la medida que logremos alcanzar y mantener estabilidades políticas y económicas, podremos también encontrar objetivos de bloque claros y sostenibles en el tiempo. Mucho más que en el sueño bolivariano creo en el futuro común de nuestra subregión.. Cuando prefiguramos el Mercosur teníamos en la mira la Comunidad Europea. Éramos optimistas porque todos los países habían recuperado la democracia. Argentina en 1983, Uruguay y Brasil en 1985, Chile y Paraguay en 1989. Había un clima de reencuentro, de fe en las instituciones democráticas y en el progreso que además coincidía con un fenómeno global que apuntaba hacia un comercio más libre, una globalización comunicacional que unía las culturas. En medio de ese clima optimista creíamos que el Mercosur que era posible. Y sigo creyéndolo, si nos estabilizamos como región
-Uruguay parecería ser un ejemplo de institucionalidad, respeto cívico, estabilidad monetaria, ¿sigue siéndolo?
-Es verdad, somos un país que hemos logrado lo que usted menciona. Pero también tenemos una contrapartida que es nuestro gran desafío. Somos un país al que le falta brío que requiere un empuje creativo mayor para sostener lo que ha logrado. Nos hemos acostumbrado a un estado de bienestar importante, en escala, similar a lo que ocurre en Europa. Tenemos un gran activo a preservar y un enorme desafío hacia el futuro. Nuestra institucionalidad y nuestra estabilidad es mayor que la de ustedes ,pero la Argentina tiene una sociedad con mucho más empuje y creatividad que la nuestra que es una sociedad más quieta Tendríamos que hacer un matrimonio de conveniencia para sumar activos. Se los podrá criticar en temas económicos, pero siguen teniendo científicos notables, físicos, ingenieros nucleares de un nivel extraordinario y continúan generando artistas de calidad. Y siguen creando empresas novedosas. Todo en medio de sus crisis. Hoy tienen un presidente con una utopía liberal, que como toda utopía es irrealizable. Pero que puede llegar a tener el mérito que para llegar a esa utopía, en el camino puede ofrecer un cambio necesario en el estado y de estabilidad en el funcionamiento financiero y cambiario. Eso sería un enorme legado para la vida argentina. El tema es que en lo político no se advierte un cambio hacia una convivencia más razonable. En fin siempre hemos sido una familia compleja, como decía Sáenz Peña somos una misma sociedad con dos estados distintos.
Un último exponente de una generación de políticos ilustrados
Aproximarse a la residencia del presidente Julio María Sanguinetti es como ir escuchando la voz de Jorge Luis Borges recitando Montevideo, su poema perfecto. Uno resbala por las tardes de esta bellísima ciudad que nos recuerda la Buenos Aires que tuvimos y que nos seduce con su voz que se oye como un verso.
Si algo caracteriza al presidente Sanguinetti es su prodigiosa curiosidad, lo que lo ha convertido en una persona de una cultura envidiable y a la vez en un hombre de acción y convicciones tan profundas como las de poner a prueba cada indicio de certeza que cree poseer. Por eso considero apropiado y justo que sea Borges quien me ayude a presentar a Julio María Sanguinetti, uno de los más importantes estadistas de la región de los últimos cincuenta años.
En Uruguay a quien fue alguna vez presidente, y Sanguinetti lo fue en dos oportunidades, se le sigue diciendo presidente, como a un campeón olímpico que lo es para toda la vida. Sorprende su erudición, sobre todo en estos tiempos atiborrados de políticos profundamente ignorantes. “Pertenezco a una generación de líderes letrados, de gente de formación más jurídica y discursiva, no de líderes disruptivos de imágenes comunicacionales…quizás hace treinta años los líderes de ahora hubieran parecido poca cosa frente a los discursos de los doctores, pero hoy sería a la inversa, los doctores parecemos obsoletos”.
Es un optimista nato, y como buen uruguayo poseedor de un gran sentido del humor que no disimula nunca. A los 89 años, vive en el presente sin nostalgia de los tiempos dorados a los que solemos aferrarnos cuando las cosas viene torcidas, como este mundo desencajado por la incertidumbre y las guerras. Articulado y elegante en su forma de comunicarse, no deja pasar oportunidad para martillar sobre los temas que considera indispensables en la agenda social y política de hoy. Los tiempos han cambiado y los políticos también. Ni mejores, ni peores, actuales. Muy atento a la brutal influencia que tienen sobre la vida cotidiana y la política, las nuevas formas de comunicación, esas que viene de la mano con las tecnologías de la información y la inteligencia artificial, las que alteran por completo la relación entre la política y la sociedad y entre la sociedad y las formas de producción.
Consciente y reflexivo sobre este período de transición de la humanidad entre la era post industrial y la digital, entre la tranquilidad de un mundo de certezas y el desasosiego por un futuro repleto de incertidumbres, ese donde las máquinas se quedan con nuestros trabajos y nuestras vidas. Y todo con el vértigo de los cambios que se van generando a velocidades jamás vividas.
Pero Sanguinetti es optimista, porque la historia lo avala, porque cada vez que la humanidad se vio acorralada, su inventiva y su creatividad lograron sacarla de apuros e hicieron que encontrara los caminos para seguir avanzando . Como todo uruguayo, sorprende por su frontalidad y sus modos. Profundo conocedor de la historia y la política argentina. Conversar con el es como atravesar un portal del tiempo, o como sigue recitando Borges, una puerta falsa en el tiempo, en esa ciudad y en este estadista que solo es posible en esta Montevideo con calles con luz de patio.
Mientras me da la mano al despedirnos, me dice: “es notable la perseverancia y la vigencia del libro. Lejos del destino fatal que se le auguraba con la aparición del e-book, está cada día más vigente. Quizás porque al revés de lo que ocurre con los diarios en papel, que son efímeros y mueren en un día, los libros perduran,. Habrá que preguntarle a algún sociólogo la razón de este fenómeno”.
Itinerario
Julio María Sanguinetti Coirolo nació en la ciudad de Montevideo el 6 de enero de 1936. Se recibió como Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de la República. Ejerció en dos oportunidades el cargo de presidente de la República Oriental del Uruguay ( 1985-1990 y 1995-2000). Ganando las elecciones en noviembre de 1984 se convertiría en el primer presidente constitucional electo democráticamente luego de doce años de dictadura militar. Fue también diputado, senador, Ministro de Industria y Comercio, Ministro de Educación y Cultura. Es uno de los grandes referentes históricos del Partido Colorado, del que fue además Secretario General. Escritor, periodista, editor, hincha fanático de Peñarol del cual es Presidente Honorario. Uno de los más grandes estadistas de la región, fundamental en el rearmado de las democracias sudamericanas en la década del 80 y con un papel crucial en el desarrollo del Mercosur durante su segundo mandato. Publicó su hasta aquí último libro en el 2024: Memorias de una pasión. (una vida junto al arte y los artistas).
Al toque
Proyecto: Terminar un libro sobre 1828 en Argentina, Uruguay y Brasil.
Desafío: Seguir hablando y escribiendo.
Sueño: Peñarol Campeón de la Libertadores
Líder: José Batlle y Ordóñez
Prócer: Fructuoso Rivera
Recuerdo: El acorazado Graf Spee en nuestro puerto.
Placer: La Capilla Sixtina sin turistas.
Comida: Lentejas a la crema
Serie: Comisario Montalbano
Libro: Don Quijote, por siempre.
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