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Con la elección de Rodrigo Paz Pereira como presidente, Bolivia inicia una nueva e incierta coyuntura. Finaliza un periodo de casi veinte años de hegemonía política del Movimiento al Socialismo (MAS) en un contexto económico caracterizado por una fuerte contracción de la actividad, alta inflación y significativos desequilibrios fiscales y cambiarios. El nuevo mandatario tiene el gran desafío de estabilizar la economía y construir nuevos equilibrios políticos que sostengan la gobernabilidad.
En el corto plazo, el primer reto es aliviar el desabastecimiento de gasolina y diésel que irrita a la población y está ralentizando la economía desde mediados del año pasado. El cumplimiento de esta promesa impactara en la confianza y las expectativas sociales frente al nuevo gobierno.
Casi al mismo tiempo, se tendrá que ir definiendo e implementando un programa de estabilización que consiste a grandes rasgos en el establecimiento de un nuevo esquema cambiario, una reducción del déficit fiscal que implicará una reducción o eliminación de los costosos subsidios a los combustibles y una política monetaria consistente con el objetivo de evitar que la inflación se acelere.
Esas reformas tendrán impactos sociales significativos y requerirán apoyos políticos y sociales importantes para su sostenibilidad. Aspecto donde hay incertidumbres debido a la accidentada manera como Paz Pereira ganó la elección.
El nuevo presidente obtuvo un sorpresivo triunfo en la primera vuelta que nadie esperaba a la cabeza de una heteróclita coalición de fuerzas centristas y populistas, la mayor parte desconocidas.
Fue una alternativa para los electores que no deseaban votar ni por el “masismo” ni por las fuerzas de centro derecha tradicionales. Y en el balotaje pudo imponerse gracias al masivo apoyo de electores de izquierda, en particular de los que apoyaban al ex presidente Evo Morales, que deseaban sobre todo evitar que el ex presidente liberal Jorge Quiroga retornara al poder.
Por eso, pese a que obtuvo un 54% de las preferencias, el nuevo gobierno tendrá que construir alianzas con otras fuerzas de centro derecha en la Asamblea Legislativa para tener mayorías y gestionar una compleja conjunción de intereses sociales y políticos que intentaran influir en sus decisiones.
Es así que, aunque las izquierdas tendrán una presencia reducida en el escenario parlamentario, estas aún mantienen bastante fuerza en la densa red de organizaciones sindicales y gremiales que fueron el soporte del MAS, muchas de las cuales apoyaron a Paz en el balotaje pero que ahora se preparan a defender sus intereses.
En síntesis, además de la compleja tarea de diseñar y ejecutar un programa de estabilización económica, el gobierno de Paz deberá ejercitar el difícil arte del equilibrismo al interior de su propia coalición y en su relación con los diversos actores sociales y políticos que están buscando reacomodo y poder en medio del vacío generado por la implosión de la gobernabilidad hegemónica masista.
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